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Las grandes orquestas, el sonido del caribe

Las naciones que conforman el mar de las Antillas han nutrido su interpretación del mundo con los colores de sus ritmos ancestrales y con las variaciones introducidas por músicos talentosos y creativos. Desde Cuba hasta Colombia la mayor parte de los ritmos del Caribe se han interpretado por maestros de escuela e intuitivos que al formar orquestas han contribuido con su trabajo a la solidificación de la memoria cultural de los pueblos.

Las orquestas tomaron de los tríos, los cuartetos y los septetos su estilo y lo ampliaron al introducir en la interpretación otros instrumentos, variaciones y fusiones que han permitido la renovación de la música tradicional, la ampliación del horizonte melódico y los estilos particulares. En Cuba, con sus sones y cantos tradicionales, mezcla de Caribe, música africana y ritual religioso se inicia una forma musical que se cantaba en los lugares de trabajo y en los campos de recolección. Con instrumentos primitivos como lo señala el escritor Alejo Carpentier, los golpes sobre los cueros y la búsqueda de las combinaciones de las notas van dejando atrás las influencias hasta conformar otras músicas. De esta manera, las orquestas tradicionales de Cuba como la original de Manzanillo, Aragón, Irakere, el Septeto Nacional de Cuba y luego otras más en Puerto Rico se identifican con lo que desde principios de siglo se ha dado en llamar la música del Caribe. Con sus variaciones y sus influencias aparecen también orquestas en México, Venezuela y Colombia. Todas ellas derivaciones de las raíces con acento popular y estructura tradicional.

En México, Dámaso Pérez Prado inaugura el enloquecedor ritmo del mambo y junto al calipso recoge una fusión que se puede entender desde el jazz y los ritmos altisonantes del siglo XIX. Luego la charanga, el mapalé y la cumbia enloquecen los lugares de diversión y se unen a otros ritmos como el danzón para escribir capítulos inéditos en la historia musical del mundo.

En Colombia orquestas como la de Lucho Bermúdez, Pacho Galán, Alex Tovar, Toño Fernández, asumen estos ritmos para crear lo que comúnmente se conoce como música caliente, fiestera y rica en matices. En la década del 50 la mayor parte de las orquestas tradicionales alcanzan su esplendor y trascienden las fronteras: los países latinoamericanos situados a lo largo y ancho del mar Caribe son conocidos por sus orquestas y sus ritmos. Las transformaciones en la vida en sociedad durante la década del 70 van a dejar influencia en el sonido de las orquestas. Algunas de ellas tienden a desaparecer y surgen ritmos más urbanos que realizan otras fusiones y con ellos lo que se denomina salsa, una derivación de muchos ritmos elaborados por la música tropical.

Lucho Bermúdez, maestro de la vida

Del maestro Lucho Bermúdez, cultor principal de la música del Caribe colombiano, se conocen más de 600 composiciones. Se paseó por los géneros musicales con la destreza, la habilidad y el genio de un dotado para la música salida de los cantos de fiesta y de una tradición que hunde sus raíces en el mestizaje.

Nació en la población de Carmen de Bolívar en 1913 y desde sus primeros años demostró una tendencia principal hacia la interpretación y la composición. De suyo, por los campos polvorientos de las sabanas de Bolívar, los caminantes y los hombres contemplativos producen sus cantos para animar la vida, cantar sus amores o ampliar la metáfora de la sensibilidad. Bermúdez es uno de ellos.

Su instrumento preferido fue el clarinete; con él creó cientos de himnos que le dieron la vuelta al mundo y pusieron a bailar a generaciones de décadas y décadas. En los primeros años de la década del 40 se instaló con su orquesta en la fría ciudad de Bogota y animó las veladas del Hotel Granada hasta el trágico año de 1948. Los habitantes del altiplano, amantes de las melodías lentas y poco sincopadas, empezaron a darse cuenta del maravilloso acento que producía en el espíritu los aires del Caribe, y de la llanura caliente y libre. Así que entre porros, gaitas, cumbias, mapalés y sones los bogotanos admitieron la música caliente y la orquesta de Lucho Bermúdez como el compositor y el pilar básico del ritmo. Bermúdez además compuso boleros y música andina; con ello demostraba que ningún ritmo le fue ajeno y sus disciplinas y ganas le permitieron darse el lujo de pasar de un género a otro. Al lado de la cantante Matilde Díaz y de los músicos de su orquesta llegaron a ser sinónimos de calidad musical para los colombianos, de la cumbia, de los cantos maravillosos de la fusión de sangres y de músicas.


Grabó su música en Buenos Aires y para la década del 50 se encontraba en Medellín; allí vivió durante un poco más de 10 años, siempre empeñado en formar músicos y seguir componiendo maravillas como Salsipuedes, San Fernando, Carmen de Bolívar, Tolú, Borrachera, Te busco, y muchas más que forman parte del patrimonio sensible y del imaginario del pueblo colombiano.

En la década del 60 regresó a Bogotá y viajó por el mundo donde su reconocimiento crecía como la espuma. Sus obras son las más cantadas e imitadas por reconocidas orquestas y cantantes de prestigio.

Bermúdez dejó una obra de altura que cubre un tramo fundamental de nuestra historia musical. Fue un verdadero maestro, de poca estatura pero con la grandeza de los hombres destinados para realizaciones perdurables. El pueblo lo siente como un ídolo y cada vez que se escucha Carmen de Bolívar o alguna de sus cumbias no hay otra alternativa que cantar y bailar. Un hombre que le permite a una nación reír y bailar debe ser considerado un creador de vida. El maestro murió en Bogotá, en 1994, tenía 81 años.

 


El Porro Cultura del Porro Grafisinú Montería, 1997 [Extractos del Libro]

 

Es un género musical bailable parecido al Son y al Paseo. Recio, fuerte, contundente, varonil. Se enmarca en un compás de 2 x 4, llamado también "compás binario" o "compás partido".

El arreglista, al escribir un porro lo identifica con una C partida que coloca después de la clave. Esa C partida significa que todo lo que aparece escrito en el pentagrama, de ahí en adelante, debe marcarse 2x4.

El porro se puede ejecutar en los conjuntos de pitos, gaitas, acordeón, en la guitarra, en el piano. en la orquesta, en la filarmónica, pero muy especialmente en la "Banda de Viento". En los pueblos, los muchachos silban el porro Y se hacen acompañar con el cuero de los taburetes.

El "Porro" es de los aires musicales que más ha evolucionado. Sale de una "Tambora", pasa por los conjuntos de pitos, entra a la "Banda", a la orquesta; hoy día las orquestas sinfónicas de Londres, París; las experimentales sinfónicas "Simón Bolívar" de Venezuela están montando en su repertorio lindos porros sin modificarle nada.

Cuando la ejecución del porro es en banda, es más bonito instrumental. Se aprecia más el mensaje de los metales; pero también se puede cantar, es bello. El "Porro" es universal. Desde que usted le anteceda a la pieza musical en el pentagrama el signo de compás partido, cualquier agrupación musical, en Montería, Medellín, Bogotá, París, Moscú, lo ejecuta con ritmo de "Porro". Ese lenguaje lo entiende todo el músico de la tierra.

El director de la organización musical lo marca con la mano: arriba, abajo, a la izquierda, a la derecha, cuatro tiempos. Puede ser cantado o instrumental.

La banda intendencias de San Andrés y Providencia, hoy departamental, lo interpreta instrumental. La banda departamental de Córdoba lo ejecutaba instrumental, igual que las bandas folclóricas.

Las orquestas de baile lo cantan: la "Billo's Caracas Boys", "Los Melódicos", "Los Blancos de Venezuela", "Nelson Henríquez", "Lucho Bermúdez". "Pacho Galán", "Los Hermanos Martelo", "La gran Orquesta de Colombia", "Faraón Orquesta", "Pello Torres y sus diablos del Ritmo"; lo que fueron: "La Sonora Cordobesa", "Los Caciques del Sinú", orquesta "Ondas del Sinú", y otras. Igual los conjuntos de pitos, gaitas y tambores, de guitarras y de acordeón.